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Fiesta de la Virgen de Guadalupe Print E-mail
Written by San Fernando Valley Sun   
Wednesday, 14 December 2011
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La lluvia y las frías temperaturas no impidieron que miles de personas a través de Los Angeles y el Valle de San Fernndo celebraran el Día de la Virgen de Guadalupe este lunes 12 de diciembre.

La gente participó en procesiones, fueron a misa, cantaron, bailaron y rezaron ante la imagen de la "Patrona de América" mucho antes del amanecer, llevando flores y velas. Se reunieron en casas, iglesias y otros lugares de congregación.

Una misa formal se llevo a cabo en la Catedral de Nuestra Señora de Los Angeles en el centro de la ciudad en varios horas del día. En el Mercado La Paloma en Los Angeles también se reunió un grupo pequeño de residentes que viven cerca del lugar mientras una banda oaxaqueña tocaba en vivo.

En la iglesia St. Ferdinand en la Ciudad de San Fernando, una abundancia de flores apiladas una con otra emanaban un rico aroma que se mezclaba con incienso durante la misa.

En la nueva capilla del Hospital Holy Cross, residentes llegaron para ser parte de la primera misa realizada en el recinto construido en honor a la Virgen.

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Pacientes del hospital en silla de ruedas y cubiertos con frazadas para protegerlos del frío matutino escuchaban mientras el obispo Lawrence Wilkerson daba misa y relataba la historia de la Virgen de Guadalupe. En cambio de una homilia, se leyeron las reflexiones escritas por Wilkerson y tituladas "Rosas en Diciembre".

"La historia es muy antigua y ha sido pasada de padre a hijo y de madre a hija, en chozas de barro y en mansiones suntuosas, en silencio durante periódos de persecución y en canciones de los peregrinos en sus travesías. Sin embargo, en cada generación, en cada nuevo relato, suena fresco, verdadero y dulce. Es la dulce historia del amor de madre por sus hijos. Escuchen

"En una fría mañana de diciembre en 1531, un indio pobre de unos 50 años subía un camino montañoso en la Ciudad de México. Es sábado y Juan Diego, quien hace poco se convirtió en católico, se apresura para celebrar el día de Maria de la mejor manera que sbe, durante una misa en la capilla de Tlatelolco. Pero cuando alcanza el cerro de Tepeyac, el silencio se convierte en una dulce melodía, como miles de aves dando serenata en el amanecer. Una enorme luz llena el cerro gris, y contra la brillantez dorada esta parada una joven mujer con la piel morena Azteca, y estrellas que bailan a su alrededor.

"Por cierto tiempo, la mujer y el hombre hablan entre sí con amables palabras afectuosas. Ella le dice quien es: Maria la Madre de Dios. Y le dice porque ha llegado a este lugar desértico: quiere que la gente de Juan Diego sepa que es su madre; ha escuchado sus problemas; ella los cuidará. Y le gustaría que se edificara una capilla en este lugar como prueba de su amor. Juan Diego debe irse, y contarle al obispo sobre su deseo.

"El obispo juan de Zumarraga, el primer obispo de la Ciudad de México, un franciscano amable, es el hombre indicado. No le gustan las maneras crueles de los conquistadores españoles. Este es el México de Hernán Cortez, quien, apenas 10 años antes, había entrado a la tierra de los Aztecas y reducido ese pueblo a través de la verguenza y el terror. El obispo, a pesar del enojo de los conquistadores, se hace el protector de los indios.

"Pero el obispo de Zumarraga es una mezcla de amabilidad y sentido común. Si no quiere ser abrumado con los trucos de los españoles, tampoco quiere ser timado por los indios. Escucha a Juan Diego y luego le dice que se vaya. El indio obedece al obispo y emprende el camino hacia su villa, que esta cerca de Tepeyac.

"Ahí otra vez, al tope del cerro, el indio y la joven mujer hablan suavemente uno con el otro. Maria le dice a Juan Diego que regrese una vez más con el obispo y le diga su pedido. El indio lo hace, pero el obispo no esta seguro. ¿Podría la señora darle una señal? ¿Qué tipo de señal? Pregunta el indio. El sabio franciscano le dice que sea la señora quien decida.

"Es ahora el 12 de diciembre, el día que la señora ha escogido para dar al obispo su señal. Juan Diego es una vez más su mensajero. Pero en este día, el tío anciano de Juan Diego, Juan Bernardino, está prendido en fiebre; le pide a Juan Diego que le lleve a un cura para prepararse ante la muerte. El pobre Juan Diego se apresura en busca del cura, evitando el cerro donde debe encontrarse con la señora. Maria, la sabia madre, va hacia Juan Diego, le promete que Juan Bernardino tendrá buena salud y gentilmente atrae al indio al cerro de Tepeyac. Ahí, donde sólo crecen arbustos y cactus entre las rocas, una fragancia llena el aire y las rosas brillan en este día de diciembre. Juan Diego las recoge en su tilma y se apresura hacia la casa del obispo.

"Pero hay más, mucho más. Al caer las rosas de la tilma del indio, el obispo ve en la tela el retrato de una bella señora, la misma que Juan Diego ha visto en la colina, cara a cara.

"El obispo de Zamarrago creyó, como había creído Juan Diego, y como ahora cree todo México y todos los que creen en Maria. En verdad, la Madre de Dios había llegado ante sus hijos, los pobres y miserables, los que sufren y se averguenzan, para reconfortarlos y darles esperanza, para llevarlos ante su hijo Jesus. Maria, a través de su auto retrato, después de unos 400 años, aún ve por sus hijos desde su altar al pie del Tepeyac. Siempre vivo y fresco en color, el retrato habla constantemente del amor de una madre, y sigue urgiendo a sus hijos, los hijos de los Aztecas, a que se reunan a su alrededor.

"El retrato mismo es la señal de Maria, su mensaje. Los Aztecas se expresaban con un lenguaje pictórico. Y así lo hizo Maria. Ella se mostró como uno de ellos, una joven India, quizás una adolescente, vestida en ropas de una princesa Azteca—un vestido rosa, una manta azul cubriendo su cabello negro y sus hombros y que cae hasta sus pies. En su cuello hay un broche de oro con una pequeña cruz negra. Y en sus pies hay una luna nueva y un pequeño angel. Alrededor de su manta hay estrellas, y ella esta situada frente a un campo de rayos dorados. Sus manos están juntas como en plegaria.

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"Los Aztecas vieron todo esto. Pero vieron mucho más. Estas eran personas paganas que hacían sacrificios a muchos dioses que ellos creían controlaban las muchas fuerzas de la naturaleza. Su dios favorito era Huitzilopochtli, el dios de la guerra y el sol. Para él, los Aztecas ofrecían sacrificios humanos. Sin embargo, en su retrato, Maria está con el sol a su espalda; ella es más importante que el sol. La luna está bajo sus pies; ella es más importante que la luna, más importante que todo lo demás en la creación.

"Otro dios Azteca, Quetzalcoatl, era la serpiente emplumada del aprendizaje. Nuestra señora le había dicho a Juan Diego en Azteca el nombre por el que quería que se conociera su nombre: aquella que aplasta la serpiente. Los Aztecas entendieron, pero los españoles no. Al escuchar el extraño nombre indígena, pensaron que escuchaban los nombres de su propia virgen española, Nuestra Señora de Guadalupe. Y así es como ha venido a conocerse. "Los indios leyeron y entendieron. Y aprendieron mucho más. Habían comido el cuerpo de los prisioneros de guerra, pensando que así obtendrían las virtudes de sus víctimas, su fuerza. Ahora, a través de su Madre, aprenderían sobre otra Víctima cuyo cuerpo sí les daría Su fuerza. Y no tendrían que ofrecer corazones humanos ante el dios sol; sino que el corazón que había sido cercenado ahora les daría su propia Sangre para la vida eternal.

"Los Aztecas entendieron. Ellos recordaron cuando se quitaron el yugo español; el retrato de la Virgen Morena se convirtió en la bandera de la independencia de México. En los días oscuros y peligrosos de la persecución en los años 1920s, una vez más buscaron el consuelo y el cuidado de su Madre. Y aún hoy en día cuando sus hijos se reunen el 12 de diciembre, cantan sus canciones antiguas Aztecas, una serenata a su madre".

Wilkerson y otros curas pidieron a todos los presentes unirséles mientras se tomaban de las manos para bendecir la sagrada imagen. El enfoco principal de la capilla, esta imagen de la santa patrona de México, fue pintada con colores de color tierra y oro por el artista Lalo García de Mission Hills. La capilla, a la cual llaman "la sala de emergencia para el alma" en el hospital, estará complementada con ventanas con imágenes y otros toques. El comité de la capilla está buscando donantes para ayudarles en la recaudación de fondos y completar las obras. La gente puede hacer esto comprando ladrillos de donantes que son colocados en la pared de la capilla cuando se complete una obra artística llamada "Ojo de Dios".

Last Updated ( Thursday, 15 December 2011 )
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